DECLARACION
DE KARI-OCA 2
“CONFERENCIA
MUNDIAL DE LOS PUEBLOS INDIGENAS SOBRE RIO+20
Y LA MADRE TIERRA”
13 -22
Junio 2012
Nosotros,
los Pueblos Indígenas de la Madre Tierra, reunidos en la sede de
Kari-Oca I, Kari-Oka
Púku Sagrado en Rio de Janeiro para participar
en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre
Desarrollo Sostenible
Rio+20, agradecemos a los Pueblos Indígenas de Brasil por darnos
la
bienvenida a sus territorios. Reafirmamos nuestra responsabilidad
para hablar para la protección
y del bienestar de la Madre Tierra,
de la naturaleza y de las futuras generaciones de nuestros
Pueblos
Indígenas y toda la humanidad y la vida. Reconocemos el significado
de esta segunda
convocatoria de los Pueblos Indígenas del mundo y
reafirmamos la reunión histórica de 1992 de
Kari-Oca 1, donde los
Pueblos Indígenas emitieron la Declaración de Kari-Oca y la Carta
de la
Tierra de los Pueblos Indígenas. La conferencia de Kari-Oca y
la movilización de los Pueblos
Indígenas durante la Cumbre de la
Tierra, marcó un gran avance del movimiento internacional
para los
derechos de los Pueblos Indígenas y el papel importante que
desempeñamos en la
conservación y el desarrollo sostenible.
Reafirmamos también la Declaración de Manaos sobre la
convocatoria
de Kari-Oca 2 como el encuentro internacional de los Pueblos
Indígenas en
Río+20.
La
institucionalización del colonialismo
Consideramos
que los objetivos de la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas
sobre
Desarrollo Sostenible (UNCSD) Río+20, la "Economía
Verde" y su premisa de que el mundo
sólo puede "salvar"
a la naturaleza con la mercantilización de sus capacidades de dar
vida y
sostener la vida como una continuación del colonialismo, que
los Pueblos Indígenas y nuestra
Madre Tierra han resistido durante
520 años. La "Economía Verde" se promete erradicar la
pobreza, pero en realidad sólo va a favorecer y responder a las
empresas multinacionales y el
capitalismo. Se trata de una
continuación de una economía global basada en los combustibles
fósiles, la destrucción del medio ambiente mediante la explotación
de la naturaleza a través de
las industrias extractivas, tales como
la minería, la explotación y producción petrolera, la
agricultura
intensiva de mono-cultivos y otras inversiones capitalistas. Todos
estos esfuerzos
están dirigidos hacia las ganancias y la
acumulación de capital por unos pocos.
Desde
Rio 1992, nosotros como Pueblos Indígenas vemos que el colonialismo
se ha convertido
en la base de la globalización del comercio y la
hegemónica economía capitalista mundial. Se
han intensificado la
explotación y el saqueo de los ecosistemas y biodiversidad del
mundo, así
como la violación los derechos inherentes de los
pueblos indígenas. Nuestro derecho a la libre
determinación, a
nuestra propia gobernanza y a nuestro desarrollo libremente
determinado,
nuestros derechos inherentes a nuestras tierras,
territorios y recursos están cada vez más atacados
por una
colaboración de gobiernos y empresas transnacionales. Activistas y
líderes indígenas que
defienden sus territorios siguen sufriendo
represión, militarización, incluyendo asesinatos, encarcelamientos,
hostigamiento y calificación como “terroristas”. La violación
de nuestros
derechos colectivos enfrenta la misma impunidad. La
reubicación forzosa o asimilación amenaza
nuestras futuras
generaciones, culturas, idiomas, espiritualidad y relación con la
Madre Tierra,
económica y políticamente.
Nosotros,
pueblos indígenas de todas las regiones del mundo, hemos defendido a
Nuestra Madre
Tierra de las agresiones del desarrollo no sustentable
y la sobreexplotación de nuestros recursos
por minería, maderería,
megarepresas hidroeléctricas, exploración y extracción petrolera.
Nuestros bosques sufren por la producción de agrocombustibles,
biomasa, plantaciones y otras
imposiciones como las falsas
soluciones al cambio climático y el desarrollo no sustentable y
dañino.
La
Economía Verde es nada menos que capitalismo de la naturaleza; un
esfuerzo perverso de las
grandes empresas, las industrias
extractivas y los gobiernos para convertir en dinero toda la
Creación mediante la privatización, mercantilización y venta de lo
Sagrado y todas las formas de
vida, así como el cielo, incluyendo
el aire que respiramos, el agua que bebemos y todos los
genes,
plantas, semillas criollas, árboles, animales, peces, diversidad
biológica y cultural,
ecosistemas y conocimientos tradicionales que
hacen posible y disfrutable la vida sobre la tierra.
Violaciones
graves de los derechos de los pueblos indígenas de la soberanía
alimentaria
continúan sin cesar lo que da lugar a la inseguridad
alimentaria. Nuestra propia producción de
alimentos, las plantas
que nos reunimos, los animales que cazamos, nuestros campos y las
cosechas, el agua que bebemos y el agua de nuestros campos, los peces
que pescamos de
nuestros ríos y arroyos, está disminuyendo a un
ritmo alarmante. Proyectos de desarrollo no
sostenibles, tales como
mono-culturales plantaciones de soja químicamente intensiva, las
industrias extractivas como la minería y otros proyectos
destructivos del medioambiente y las
inversiones con fines de lucro
están destruyendo nuestra biodiversidad, envenenando nuestra
agua,
nuestros ríos, arroyos, y la tierra y su capacidad para mantener la
vida. Esto se agrava aún
más por el cambio climático y las
represas hidroeléctricas y otras formas de producción de
energía
que afectan a todo el ecosistema y su capacidad para proveer la vida.
La soberanía
alimentaria es una expresión fundamental de nuestro
derecho colectivo a la libre determinación y
desarrollo
sustentable. La soberanía alimentaria y el derecho a la alimentación
deben ser
reconocido y respetados: alimentación no debe ser
mercancía que se utiliza, comercializa o
especula con fines de
lucro. Nutre nuestras identidades, nuestras culturas e idiomas, y
nuestra
capacidad para sobrevivir como pueblos indígenas.
La
Madre Tierra es la fuente de la vida que se requiere proteger, no
como un recurso para ser
explotado y mercantilizado como “capital
natural”. Tenemos nuestro lugar y nuestras
responsabilidades
dentro del orden sagrado de la Creación. Sentimos la alegría
sustentadora
cuando las cosas ocurren en armonía con la Tierra y
con toda la vida que crea y sostiene.
Sentimos el dolor de la falta
de armonía cuando somos testigos de la deshonra del orden natural
de la Creación y de la colonización económica y continua, la
degradación de la Madre Tierra y
toda la vida en ella. Hasta que
los derechos de los pueblos indígenas sean observados, velados y
respetados, el desarrollo sustentable y la erradicación de la
pobreza no se lograrán.
La Solución
La
relación inseparable entre los seres humanos y la Tierra, inherente
para los pueblos indígenas
debe ser respetada por el bien de las
generaciones futuras y toda la humanidad. Instamos a toda
la
humanidad a unirse con nosotros para transformar las estructuras
sociales, las instituciones y
relaciones de poder que son la base de
nuestra pobreza, opresión y explotación. La globalización
imperialista explota todo lo que sostiene la vida y daña la tierra.
Necesitamos reorientar
totalmente la producción y el consumo en
base de las necesidades humanas en lugar de la
acumulación
desenfrenada de ganancia de para unos pocos. La sociedad debe tomar
control
colectivo de los recursos productivos para satisfacer las
necesidades de desarrollo social
sostenible y evitar la
sobreproducción, el sobreconsumo y la sobreexplotación de las
personas y
la naturaleza que son inevitables bajo prevaleciente
sistema capitalista monopólico. Debemos
enfocar sobre comunidades
sostenibles con base en conocimientos indígena y no desarrollo
capitalista.
Exigimos
que las Naciones Unidas, los gobiernos y las empresas abandonen las
falsas soluciones
al cambio climático, tales como las grandes
represas hidroeléctricas, los organismos
genéticamente
modificados, incluyendo los árboles transgénicos, las plantaciones,
los
agrocombustibles, el “carbón limpio”, la energía nuclear,
el gas natural, el fracturamiento
hidráulico, la nanotecnología,
la biología sintética, la bioenergía, la biomasa, el biochar, la
geo-ingeniería, los mercados de carbono, el Mecanismo de Desarrollo
Limpio y REDD+ que ponen
en peligro el futuro y la vida tal como la
conocemos. En lugar de ayudar a reducir el
calentamiento global,
ellos envenenan y destruyen el medio ambiente y dejan que la crisis
climática aumente exponencialmente, lo que puede dejar el planeta
prácticamente inhabitable.
No podemos permitir que las falsas
soluciones destruyan el equilibrio de la Tierra, asesinen a las
estaciones, desencadenen el caos del mal tiempo, privaticen la vida y
amenacen la supervivencia
de la humanidad. La Economía Verde es un
crimen de lesa humanidad y contra la Tierra.
Para
lograr el desarrollo sostenible los Estados deben reconocer los
sistemas tradicionales de
manejo de recursos de los pueblos
indígenas que han existido por milenios, sosteniéndonos aún
durante el colonialismo. Es fundamental asegurar la participación
activa de los pueblos indígenas
en los procesos de toma de
decisiones que les afectan y su derecho al consentimiento libre,
previo e informado. Los Estados también deben proporcionar apoyo a
los pueblos indígenas que
sea apropiado a su sustentabilidad y
prioridades libremente determinadas, sin restricciones y
directrices
limitantes.
Seguiremos
luchando contra la construcción de represas hidroeléctricas y todas
las formas de
producción de energía que afectan a nuestras aguas,
nuestros peces, nuestra biodiversidad y los
ecosistemas que
contribuyen a nuestra soberanía alimentaria. Trabajaremos para
preservar nuestros territorios contra el veneno de las plantaciones
de monocultivos, de las industrias
extractivas y otros proyectos
destructivos del medioambiente, y continuar nuestras formas de
vida,
preservando nuestras culturas e identidades. Trabajaremos para
preservar nuestras plantas y
las semillas tradicionales, y mantener
el equilibrio entre nuestras necesidades y las necesidades
de
nuestra Madre Tierra y su capacidad de sostener la vida.
Demostraremos al mundo que se
puede y se debe hacer. En todos estos
asuntos recopilaremos y organizaremos la solidaridad de
todos los
pueblos indígenas de todas partes del mundo, y todas las demás
fuentes de solidaridad
con los no indígenas de buena voluntad a
unirse a nuestra lucha por la soberanía alimentaria y la
seguridad
alimentaria. Rechazamos la privatización y el control corporativo de
los recursos, tales
como nuestras semillas tradicionales y de los
alimentos. Por último, exigimos a los estados que
defendían
nuestros derechos al control de nuestros sistemas de gestión
tradicionales y ofrezcan
un apoyo concreto, tales como las
tecnologías apropiadas para que podamos desarrollar nuestra
soberanía alimentaria.
Rechazamos
las promesas falsas del desarrollo sostenible y soluciones al cambio
climático que
solamente sirven al orden económico dominante.
Rechazamos REDD, REDD+ y otras
soluciones basadas en el mercado que
tienen como enfoque nuestros bosques, para seguir
violando nuestros
derechos inherentes a la libre determinación y el derecho a nuestras
tierras,
territorios, aguas y recursos, y el derecho de la Tierra a
crear y sostener la vida. No existe tal
cosa como “minería
sostenible”. No hay tal cosa como “petróleo ético”.
Rechazamos
la aplicación de derechos de propiedad intelectual sobre los
recursos genéticos y el
conocimiento tradicional de los pueblos
indígenas que resulta en la enajenación y
mercantilización de lo
Sagrado esencial para nuestras vidas y culturas. Rechazamos las
formas
industriales de la producción alimentaria que promueve el
uso de agrotóxicos, semillas y
organismos transgénicos. Por lo
tanto, afirmamos nuestro derecho a poseer, controlar, proteger y
heredar las semillas criollas, plantas medicinales y los
conocimientos tradicionales provenientes
de nuestras tierras y
territorios para el beneficio de nuestras futuras generaciones.
Nuestro
Compromiso con el Futuro que Queremos
Debido
a la falta de implementación verdadera del desarrollo sostenible el
mundo está en
múltiples crisis ecológicas, económicas y
climáticas. Incluyendo la pérdida de biodiversidad,
desertificación, el derretimiento de los glaciares, escases de
alimentos, agua y energía, una
recesión económica mundial que se
agudiza, la inestabilidad social y la crisis de valores. En ese
sentido reconocemos que queda mucho que hacer para que los acuerdos
internacionales
respondan adecuadamente a los derechos y necesidades
de los pueblos indígenas. Las
contribuciones actuales y potenciales
de nuestros pueblos deben ser reconocidas como un
desarrollo
sostenible y verdadero para nuestras comunidades que permita que cada
uno de
nosotros alcancemos el Buen Vivir.
Como
pueblos, reafirmamos nuestro derecho a la libre determinación y a
poseer, controlar y
manejar nuestras tierras y territorios
tradicionales, aguas y otros recursos. Nuestras tierras y
territorios son la parte medular de nuestra existencia -somos la
Tierra y la Tierra es nosotros-.
Tenemos una relación espiritual y
material con nuestras tierras y territorios y están
intrínsecamente
ligados a nuestra supervivencia y a la preservación y desarrollo de
nuestros
sistemas de conocimientos y culturas, la conservación y
uso sostenible de la biodiversidad y el
manejo de ecosistemas.
Ejerceremos
el derecho a determinar y establecer nuestras prioridades y
estrategias de
autodesarrollo y para el uso de nuestras tierras,
territorios y otros recursos. Exigimos que el
consentimiento libre,
previo e informado sea el principio de aprobación o rechazo
definitivo de
cualquier plan, proyecto o actividad que afecte
nuestras tierras, territorios y otros recursos. Sin el
derecho al
consentimiento libre, previo e informado el modelo colonialista del
dominio de la
Tierra y sus recursos seguirá con la misma
impunidad.
Seguiremos
uniéndonos como pueblos indígenas y construyendo una solidaridad y
alianza
fuertes entre nosotros mismos, comunidades locales y
verdaderos promotores no-indígenas de
nuestros temas. Esta
solidaridad avanzará la campaña mundial para los derechos de los
pueblos
indígenas a su tierra, vida y recursos y el logro de
nuestra libre determinación y liberación.
Seguiremos
retando y resistiendo los modelos colonialistas y capitalistas que
promueven la
dominación de la naturaleza, el crecimiento económico
desenfrenado, la extracción de recursos
sin límite para ganancias,
el consumo y la producción insostenibles y las mercancías no
reglamentadas y los mercados financieros. Los seres humanos son una
parte integral del mundo
natural y todos los derechos humanos,
incluyendo los derechos de los pueblos indígenas deben
ser
respetados y observados por el desarrollo.
Invitamos
a toda la sociedad civil a proteger y promover nuestros derechos y
cosmovisiones y
respetar la ley de la naturaleza, nuestras
espiritualidades y culturas y nuestros valores de
reciprocidad,
armonía con la naturaleza, la solidaridad y la colectividad. Valores
como cuidar y
compartir, entre otros, son cruciales para crear un
mundo más justo, equitativo y sostenible. En
este contexto, hacemos
un llamado por la inclusión de la cultura como el cuarto pilar del
desarrollo sostenible.
El
reconocimiento jurídico y la protección de los derechos de los
pueblos indígenas a la tierra,
territorios, recursos y los
conocimientos tradicionales deberían ser un requisito para el
desarrollo
y planificación de todos y cada uno de los tipos de
adaptación y mitigación del cambio climático,
conservación
ambiental (incluyendo la creación de “áreas protegidas”), el
uso sostenible de la
biodiversidad y medidas a combatir
desertificación. En todos los casos, tienen que haber
consentimiento libre, previo e informado.
Continuamos
dando seguimiento a los compromisos asumidos en la Cumbre de la
Tierra tal
como se refleja en esta declaración política. Hacemos
un llamado a la ONU a comenzar su
implementación, y asegurar la
participación plena, formal y efectiva de los pueblos indígenas en
todos los procesos y actividades de la Conferencia de Rio+20 y más
allá, de acuerdo con la
Declaración de las Naciones Unidas sobre
los derechos de los Pueblos Indigenas (DNUDPI) y el
principio del
consentimiento libre, previo e informado (CLPI). Seguimos habitando
y
manteniendo los últimos ecosistemas sostenibles con las más
altas concentraciones de
biodiversidad en el mundo. Podemos
contribuir de una manera significativa al desarrollo
sostenible pero
creemos que el marco holístico de ecosistemas para el desarrollo se
debe
promover. Eso incluye la integración del enfoque de derechos
humanos, el enfoque de
ecosistemas y enfoques culturalmente
sensibles y basados en conocimientos.
Caminamos
al futuro en las huelles de nuestros antepasados.
Aprobado
por aclamación, Aldea de Kari-Oca, en el sagrado Kari-Oca Púku, Rio
de Janeiro,
Brasil,
18 de junio de 2012

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